Las 6 señales que debemos mirar para saber si se viene la hiperinflación

By 4padmin on mayo 20, 2020 in Inversiones Financieras

Estas semanas han sido muy duras para todos. Súbitamente, nuestro estilo de vida cambió y todos nos refugiamos en nuestros hogares con la esperanza de esquivar al peligroso coronavirus.

Aunque la pandemia del COVID-19 es una catástrofe absoluta, también supone una oportunidad; una oportunidad para pasar más tiempo con nuestras familias en casa y una oportunidad para ampliar nuestros conocimientos gracias a toda la información a la que tenemos acceso con las nuevas tecnologías.

Así, estos días de confinamiento aproveché para leer más que lo habitual. Al elegir qué leer, tenemos que ser muy selectivos porque la cantidad de material disponible es casi ilimitada y nuestro tiempo un recurso muy limitado. Por eso siempre intento leer a los mejores, y no hay mejor inversor que Ray Dalio.

Ray Dalio no necesita presentación, pero te diré que a partir de la nada consiguió fundar el mayor hedge fund del mundo: Bridgewater Associates. Gracias a su excelente comprensión de la economía, que aplicó a sus inversiones, Dalio batió al mercado de manera sistemática desde que fundó su fondo en 1975. Esto le permitió convertirse en uno de los mayores millonarios del planeta, con una fortuna de más de 18 mil millones de dólares.

Aproveché estas semanas en casa para retomar las lecturas que tenía pendientes de Ray Dalio, principalmente su libro “Navegando las grandes crisis de deuda” (creo que no existe una traducción al español de este libro, pero podés descargarlo gratis en inglés en el sitio web de Ray Dalio www.principles.com con el título original “Navegating Big Debt Crises”).

Existen muchísimas lecciones que podemos aprender de este libro y adentrarme en cada una de ellas supondría demasiada extensión para este artículo, pero me gustaría explicarte que para Dalio existen dos tipos de crisis de deudas: las hiperinflacionarias y las deflacionarias.

Mientras que Estados Unidos, Japón y la Unión Europea están a las puertas de una crisis de deuda deflacionaria de acuerdo a la definición que establece Dalio, la Argentina está al borde de una crisis de deuda hiperinflacionaria.

Dalio establece seis señales que nos permiten predecir cuándo se va a producir una crisis de deuda hiperinflacionaria. A continuación quiero mostrarte cada una de las seis señales y cómo se corresponden a la realidad actual de la Argentina.

Alto déficit fiscal

En mi nota del pasado 15 de abril (podés leerla haciendo clic acá) advertí que de acuerdo a las estimaciones de economistas independientes, los ingresos fiscales caerán cerca de un 10 por ciento y el gasto del Estado registrará una suba del 13,5 por ciento debido al impacto del confinamiento en la actividad económica.

Esta combinación de menores ingresos y mayores gastos debidos en parte a la crisis causada por el coronavirus provocará que el déficit fiscal real para este año sea de 1,5 billones de pesos, y no 200 mil millones como se estimó inicialmente.

Solo existen dos maneras de financiar el déficit fiscal: emitir deuda o emitir moneda. No existe una tercera opción…

Ante la incapacidad de nuestro país para financiarse en los mercados de deuda internacionales, este incremento del déficit fiscal tendrá que financiarse con la emisión masiva de pesos, lo que añadirá una fuerte presión al alza a la inflación actual, que además ya viene siendo una de las más altas del planeta.

 

Antecedentes de alta inflación y devaluaciones

Durante los últimos 70 años la larga historia de devaluaciones, hiperinflaciones y defaults golpeó a la confianza en nuestra economía y en nuestra moneda, tanto dentro como fuera de nuestro país.

Sí, en la primera mitad del siglo pasado la economía argentina era una de las economías más dinámicas del planeta y el peso era una moneda sólida que los inversores internacionales estaban interesados en adquirir. Sin embargo, nuestra historia reciente está repleta de devaluaciones y episodios de alta inflación que fulminaron esa confianza.

Desde 1947 se produjeron las siguientes devaluaciones en nuestro país:

El resultado de estas devaluaciones (con sus consiguientes episodios de alta inflación) fue que el valor del peso fue totalmente destruido en el largo plazo.

Estos antecedentes provocaron que en la actualidad ni siquiera los inversores argentinos queremos tener nuestro patrimonio en pesos y corremos a refugiarnos a otros activos como el dólar o el oro. Por esta razón, si nuestro gobierno se ve obligado a realizar una fuerte emisión monetaria a consecuencia del elevado déficit fiscal que acumula, esta oferta no va a ser absorbida por la demanda como sucede con el dólar o el euro, porque la demanda de pesos a nivel internacional es prácticamente inexistente.

En realidad esta oferta monetaria solo contribuirá a devaluar aún más el valor del peso, lo que se traducirá en un fuerte incremento de la inflación.

 

Ausencia de una moneda de reserva

Una moneda de reserva es aquella comúnmente aceptada por la mayoría de agentes económicos para realizar transacciones internacionales y almacenar riqueza. Históricamente siempre han existido una o varias monedas de reserva a nivel global como el dólar actualmente (el 70 por ciento de las transacciones internacionales se realizan en dólares) o la libra esterlina antes de la Primera Guerra Mundial.

Poseer una moneda de reserva le otorga a un país determinado una enorme ventaja económica, ya que siempre existirá una demanda a nivel global por poseer su moneda. Esto le permite al país en cuestión emitir grandes cantidades de su moneda para reactivar a su economía sin miedo a sufrir una hiperinflación, ya que la emisión de esta moneda será absorbida por la demanda mundial.

Esto es lo que hizo la Reserva Federal (y en menor medida el Banco Central Europeo y el Banco de Japón) para salir de la crisis de 2008 y lo que está haciendo actualmente con la crisis del coronavirus.

En la Argentina no tenemos esta ventaja, más bien todo lo contrario, como vimos en la señal anterior. Por tanto, queda claro que en la Argentina no disponemos de una moneda de reserva y por tanto tenemos que prender la tercera lucecita roja en nuestro medidor de riesgo de hiperinflación.

 

Bajas reservas en el Banco Central

En la actualidad las reservas internacionales brutas del BCRA suman 43 mil millones de dólares. En un principio podría parecer una cantidad aceptable, pero en realidad la cantidad disponible para soportar el peso de la deuda es mucho menor.

Según reportó Infobae en su nota del día 8 de mayo, de estos 43 mil millones tan solo 2.532 millones son reservas de uso inmediato para el sostenimiento del Estado y la intervención en los mercados cambiarios para sostener al peso.

Esto se debe a que contablemente las reservas brutas se inflaron con diversos conceptos como los swaps de divisas con otros países y con organismos internacionales como el Banco de Pagos Internacionales.

[Un swap es un instrumento financiero por el que dos partes acuerdan intercambiar durante un periodo de tiempo establecido flujos financieros en una o en distintas divisas a un precio determinado]

El más importante de estos conceptos adicionales consiste en unos 20 mil millones de dólares (casi la mitad de las reservas totales del banco central) que corresponden a un swap que formalizamos con China que solo es utilizable para el pago de importaciones procedentes del gigante asiático.

Por tanto, si se produjera un incremento dramático del déficit público el BCRA no tendría las herramientas necesarias para financiar la deuda y sostener al peso, lo que incrementa el riesgo de hiperinflación.

 

Alta deuda externa

En las épocas de bonanza tantos los gobiernos como los consumidores y empresas en los países emergentes recurren a las emisiones de deuda para financiar sus planes de expansión. Para poder atraer a los grandes capitales internacionales, los agentes económicos en los países emergentes recurren a la emisión de deuda en moneda de reserva extranjera (principalmente en dólares), lo que elimina el riesgo cambiario para el tenedor de la deuda y por tanto incrementa el atractivo de estos títulos de deuda.

La Argentina no fue una excepción…

Como podés ver en el siguiente gráfico, entre 2010 y 2020 la deuda externa argentina pasó de 141 mil millones de dólares a 277 mil millones, un incremento de casi el doble.

El incremento de la deuda externa fue especialmente notable a partir de 2016, cuando el Gobierno de Mauricio Macri favoreció el financiamiento a través de deuda y no de emisión monetaria para intentar equilibrar la maltrecha situación macroeconómica de la Argentina.

Aunque la emisión de deuda en una moneda de reserva consigue financiamiento a un costo más bajo que emitiendo esta misma deuda en moneda local ya que resulta más atractiva para los inversores extranjeros, cuando se producen devaluaciones de la moneda local esta deuda fijada en moneda extranjera estrangula a los agentes económicos locales.

Esto sucede porque mientras que los ingresos de los agentes económicos se producen en moneda local, los costos correspondientes al pago de la deuda se producen en moneda extranjera, por lo que se produce un desajuste entre unos ingresos decrecientes y unos gastos crecientes por los movimientos en las tasas de cambio.

Mientras que las empresas y los consumidores se pueden declarar insolventes con relativa facilidad cuando el peso de la deuda externa resulta excesivo para su capacidad de pago, entrar en default es más delicado para los Estados.

Antes de recurrir a declarar un default, los Estados recurren incrementar la impresión de moneda local y a vender sus reservas de divisas extranjeras para poder pagar la deuda externa que contrajeron como vimos en la señal anterior.

Sin embargo, la Argentina ya está camino del default… Mirá esta noticia que publicó el Financial Times el pasado 20 de diciembre en su edición internacional.

“Argentina retrasa los pagos de 9 mil millones de deuda denominada en dólares | El nuevo gobierno le pide a los tenedores de bonos que muestren buena fe y accedan a las negociaciones para reestructurar la deuda” – Financial Times

Poco a poco el tiempo se agota para que la Argentina pueda alcanzar un acuerdo con sus acreedores extranjeros. Si este acuerdo para reestructurar la deuda no se produce, la Argentina estará condenada a financiar todo el déficit fiscal con impresión monetaria, lo que iniciará el círculo megadestructivo de la hiperinflación:

Como podés ver en la ilustración anterior, este ciclo se inicia con una menor actividad económica como la producida actualmente con la crisis del coronavirus. La menor actividad repercute en unos menores ingresos fiscales, lo que a su vez repercute en un mayor déficit fiscal a menos que se produzca un fuerte ajuste a la baja en el gasto público, algo que sabemos no va a ocurrir en la Argentina a corto o mediano plazo.

El resultado de este mayor déficit fiscal en una situación de imposibilidad de emitir deuda es un fuerte incremento de la emisión monetaria, lo que a su vez dispara la inflación. En entornos de alta inflación la actividad económica en términos reales cae, alimentando así el ciclo destructivo de la hiperinflación.

 

Tasas de interés reales negativas

La tasa de interés real se calcula tomando la tasa de interés nominal fijada por el banco central y restando la inflación registrada durante el periodo correspondiente.

Haciendo uso de la política monetaria, los bancos centrales intentan equilibrar la tasa de interés real para que sea positiva, de manera que los ahorradores no pierdan poder adquisitivo al invertir su dinero y por tanto se fomente la inversión y la actividad económica.

Sin embargo, aunque el BCRA subió de manera sostenida la tasa de interés durante los últimos años para contrarrestar el efecto de la inflación en el poder adquisitivo de los ahorradores, estos incrementos no fueron suficientes y desde 2004 la tasa de interés real fue de manera recurrente negativa en la Argentina.

La existencia de una tasa de interés real negativa incrementa el riesgo de una hiperinflación, ya que los ahorradores evitarán utilizar los plazos fijos en moneda local como mecanismo para preservar su riqueza.

La huida a activos exteriores provoca una reducción de la demanda de la moneda local, lo que disminuye su valor y por tanto esto repercute en una mayor inflación, dando lugar a un ciclo retroalimentario similar al que vimos en la señal anterior.

 

Seis luces rojas

Recapitulemos y veamos las seis señales hiperinflacionarias que establece Ray Dalio en su libro “Navegando las grandes crisis de deuda”:

  • Alto déficit fiscal
  • Antecedentes de alta inflación y devaluaciones
  • Ausencia de una moneda de reserva
  • Bajas reservas en el Banco Central
  • Alta deuda externa
  • Tasas de interés reales negativas

Como pudiste ver anteriormente, en la actualidad la Argentina cumple todas y cada una de las seis señales que marcan el riesgo de que suceda una hiperinflación.

Quizás Ray Dalio y otros economistas se equivoquen y al final, de manera milagrosa, la Argentina evite caer en la espiral destructiva de la hiperinflación. Nadie puede tener una certeza absoluta de qué sucederá, pero resulta empíricamente innegable que el riesgo de que esto suceda es hoy mucho mayor de lo que era hace un año.

Por este motivo,  planificar un plan de protección de tu patrimonio por si finalmente se produce una hiperinflación en la Argentina parece ser una muy buena idea. Y aún estamos a tiempo.

Espero que este artículo te haya resultado interesante. Por favor no dudes en compartirme tu opinión en la sección de comentarios.

 

Un fuerte abrazo,

Federico

El riesgo de una hiperinflación es cada vez más alto

By 4padmin on abril 15, 2020 in Economía & Política

El domingo 14 de mayo de 1989 Carlos Menem fue elegido como Presidente de la Nación con un fuerte respaldo del electorado, pero si por algo pasó a la historia el mes de mayo de 1989 no fue por la elección de Menem como Presidente; fue por la hiperinflación que sufrimos los argentinos.

Aquel mes de mayo la inflación mensual alcanzó en la Argentina el 114,4 por ciento. En términos anuales, 1989 tuvo una inflación del 3.079 por ciento lo que empobreció a millones de argentinos, devorando sus ahorros.

Pero aquella no fue la primera hiperinflación que sufrió nuestro país. En 1975 tras el “Rodrigazo” la inflación en la Argentina trepó hasta el 777 por ciento, constituyendo el primer episodio hiperinflacionario que solo fue superado 14 años más tarde…

Estos dos episodios de hiperinflación en nuestro país tuvieron cuatro elementos en común, que son los ingredientes esenciales para que se cocine una hiperinflación: fuerte aumento del déficit público, financiación del déficit con excesiva emisión monetaria, caída fuerte en la demanda de dinero y alta pérdida de confianza de los argentinos en el valor del peso.

Mi impresión es que la Argentina nuevamente se enfrenta a un escenario de altísima inflación. Nadie sabe si la situación se irá de control y caeremos nuevamente en un hiper como en el pasado. Pero la evolución de estos indicadores, sobre todo luego de la tremenda crisis desatada por el Coronavirus, nos obligan a encender la señal de alerta.

Analicemos cada una de estas variables que determinan el índice de inflación, para entender un poco mejor cual es la situación actual y qué podemos esperar en el futuro cercano.

Empecemos por el déficit fiscal…

La previsión de déficit fiscal primario para 2020 estaba estimada en 200 mil millones de pesos a comienzos de este año. Sin embargo, el coronavirus desbarató cualquier proyección que los economistas pudieran hacer hasta ahora.

La expansión de la pandemia del coronavirus por todo el mundo no solo provocó una cuarentena general en muchos países incluida la Argentina, también provocó una súbita paralización del comercio mundial.

Esto provocó a nivel global una crisis económica que probablemente genere una recesión mundial, lo que provocará la pérdida de millones de empleos y el empobrecimiento de millones de personas en todo el planeta y, como no, también en la Argentina.

Para mitigar el impacto de esta recesión, los gobiernos de todo el mundo incluido el argentino implementaron estímulos fiscales y monetarios con los que estimular la demanda interna de sus países.

Sin embargo, mientras algunos países partieron al comienzo de esta crisis desde una posición de solidez económica y fiscal, a la Argentina nos tomó con el pie cambiado…

De acuerdo a la estimación del economista Carlos Melconian, los ingresos del Estado caerán cerca de un 10 por ciento y el gasto público registrará una suba del 13,5 por ciento respecto a lo estimado inicialmente. Esta combinación de menores ingresos y mayores gastos provocará que el déficit fiscal real para el año 2020 sea de 1,5 billones de pesos, más de 7 veces más de lo estimado inicialmente por el Gobierno.

Fuente: Carlos Melconian

Esta estimación tuvo en cuenta que el PBI en 2020 caiga un 6 por ciento y la inflación se sitúe por encima del 30 por ciento. Pero si la realidad fuera aún peor, como es probable, nos enfrentaremos a una situación fiscal aún más desesperada.

Es muy importante aclarar que existen dos maneras de financiar el déficit fiscal: pidiendo deuda o emitiendo moneda. No existe una tercera alternativa ni existe un truco mágico que solucione el problema del déficit fiscal: o bajas el déficit bajando deuda o subiendo impuestos, o pedís dinero prestado o activas la máquina de imprimir dinero. Punto.

Durante el gobierno de Mauricio Macri la Argentina financió el déficit fiscal, principalmente, accediendo a los mercados de deuda internacionales. Es decir, se endeudó en el exterior en dólares para financiar el déficit. Pero ya en 2018 este camino se cerró. Y con la reciente decisión del gobierno argentino de postergar el pago de los bonos con legislación local, este camino está más cerrado que nunca, la Argentina está de facto en default.

El resultado de todo esto es que el gobierno está condenado a imprimir una cantidad masiva de pesos para poder cubrir el déficit fiscal en el que incurrirá este año. Algo que ya se está evidenciando…

En el mes de febrero la expansión monetaria había sido de $AR 7.263 millones. Ante el estallido de la crisis del coronavirus, en marzo la emisión trepó hasta los $AR 575.949 millones. ¡El aumento en la expansión es de nada menos que del 7.830 por ciento en apenas un mes!

Es importante destacar que, aún sin tener que imprimir una gran cantidad de pesos el año pasado, la Argentina registró en 2019 una inflación anual del 53,8 por ciento, la más alta en casi tres décadas. ¿Qué pasará este año cuando nos enfrentemos a una emisión monetaria masiva para cubrir el déficit fiscal que se disparará por el coronavirus? Todo indica que veremos una fuerte suba de la inflación, pero hay más factores que podrían agravar el incremento de la inflación…

Hasta ahora solo hablamos de la oferta de dinero, pero hay dos fuerzas que determinan la inflación: la oferta y la demanda de dinero.

Desde 2017 la demanda de dinero en nuestro país marcó una tendencia negativa que provocó que 2019 fuera el año con menor demanda de pesos en proporción al PBI desde el año 2001.

Así, mientras que en 2017 la cantidad de pesos en circulación equivalía al 23,7 por ciento del PBI, en 2019 esta cantidad bajó hasta el 14,8 por ciento del PBI.

¿Por qué sucedió esto? Muy sencillo: los argentinos no quieren pesos. No confían en que el peso vaya a mantener su valor, y por eso prefieren tener su riqueza en otras divisas, en inmuebles o en inversiones en el exterior antes que tener sus ahorros en pesos.  Y si tienen pesos los gastan cuanto antes.

Y esto se puede ver profundizado durante los próximos meses por dos razones.

La primera es la tasa de interés real negativa. Con el interés del 25 al 30 por ciento que pagan los plazos fijos no alcanza para cubrir la pérdida de valor de una inflación que el año pasado estuvo en el 53,8 por ciento y para este año se espera que sea superior. La rentabilidad real de los plazos fijos en la Argentina hoy se sitúa entre el -25 y -30 por ciento, es decir, se pierde dinero haciendo un plazo  fijo.

La segunda razón implica que tendencia de pérdida de confianza en el peso se profundice. Esto podría venir por un desplome de la actividad con motivo de la Cuarentena, pero también podría venir por el lado de las políticas que implemente el gobierno. Hace poco circuló un proyecto del oficialismo que pensaba estatizar de hecho el sistema de salud privado. Unos días después salió en los diarios un proyecto de Máximo Kirchner para subir aún más el impuesto a los bienes personales y limitar las ganancias de los supermercados. Si el gobierno recorre este camino de “combatir al capital” la confianza se puede reducir aún más y la demanda de dinero puede seguir bajando.

Si esto ocurre se puede dar un cocktail explosivo que puede ser difícil de controlar.

Por un lado, una mayor oferta de pesos auspiciada por un gobierno que está incurriendo en un déficit masivo y que solo puede financiar imprimiendo más y más pesos; y por otro lado, una demanda cada vez menor con ciudadanos que no quieren tener sus ahorros en pesos ante la rentabilidad real negativa y la enorme percepción de riesgo existente por las políticas de un Gobierno argentino desesperado.

Por todo esto, mi impresión es que el escenario de mínima para 2020 es una inflación superior a la del año pasado en un rango de entre el 50% y 100%.

Y un escenario de máxima donde la inflación puede irse por arriba del 100% anual y estar cerca de volver a una hiperinflación como tuvo Argentina en el pasado.

¿Qué escenario se dará? Eso nadie lo sabe y no tiene mucho sentido gastar energías en intentar predecir el futuro. No le vamos a acertar.

Pero como inversores lo más prudente es prepararse para lo peor…

Pensá que si todos tus ahorros están en pesos y se viene un escenario de hiperinflación, tus ahorros y los de tu familia desaparecerán. Por eso es prudente y recomendable que te prepares para lo peor evitando tener tus ahorros en pesos, comprando dólares o teniendo inversiones que estén atadas al dólar o a activos del exterior, fuera del riesgo argentino.

Haciendo esto, si este escenario pesimista se diera estarías preparado para el golpe brutal que podría sufrir nuestro país. Y aún en el caso de que finalmente no se diera un escenario tan negativo, tampoco saldrías perdiendo ya que tus ahorros estarían en activos seguros y que ganarían valor en pesos.

Si la inflación finalmente se va de control, no va a haber tiempo para reaccionar. El momento para preparar tus finanzas con una estrategia a pruebas de crisis es ahora. No te duermas, aún estás a tiempo.

Coronavirus, esta crisis no será diferente

By 4padmin on abril 13, 2020 in Invertir con Éxito

Desde que estalló la crisis del coronavirus, millones de inversores en todo el mundo han visto como el valor de sus ahorros se desplomaba. Estas fuertes caídas han hecho que todos en algún momento nos hagamos esta pregunta: ¿cuánto tiempo más durará esta crisis?

Lo cierto es que nadie tiene una bola de cristal con la que pueda adivinar los próximos movimientos de la bolsa; eso es imposible. Pero lo que sí podemos hacer es diseñar una hoja de ruta con el escenario más probable que nos podríamos encontrar durante los próximos meses.

Eso nos ayudará a tomar decisiones de una forma más rápida, simple y eficaz.

Para hacer esto, primero es una buena idea tratar de ver el bosque y no el árbol. Es decir, entender el contexto general de esta crisis y en qué contexto se da. Luego, podemos analizar cómo se desarrollaron otras crisis en el pasado. Y en base a toda esta experiencia, empezar a pensar escenarios de lo que podría ocurrir en esta nueva crisis que estamos pasando.

Empecemos entendiendo de dónde venimos.

El crecimiento de la población y el crecimiento económico no eran algo obvio en el pasado. Todo cambió desde que el capitalismo se convirtió en el sistema económico dominante hace dos siglos. Desde ese entonces, como podemos ver en el siguiente cuadro, la población crece a un ritmo del 1% anual y el PBI per cápita avanzó en promedio un 1,6% anual a nivel mundial.

Este es el sustento último del crecimiento de los precios de las acciones a largo plazo. Como la economía crece todos los años y cada vez hay más personas para consumir, con más dinero, el consumo tiende a aumentar, por lo tanto, crecen los ingresos y las ganancias de estas empresas. Los precios de las acciones siguen esta tendencia de crecimiento a largo plazo.

Sí, hubo momentos de crisis en los que la economía retrocedió, pero en el largo plazo la economía mundial siempre siguió su curso de crecimiento. Y es que el crecimiento económico no se produce de forma lineal. En realidad la economía se mueve en ciclos de crecimiento y de decrecimiento que se alternan de manera más o menos periódica.

Es natural, e inclusive positivo, que se alternen ciclos de crecimiento y ciclos de decrecimiento. En esto tiene que ver la innovación, que no deja de ser el verdadero motor de crecimiento de la economía en el largo plazo.

Sin embargo, un efecto colateral de la innovación fue evidenciado por el economista austríaco Joseph Schumpeter hace casi un siglo. De acuerdo a Schumpeter, en el sistema económico capitalista se producen procesos de destrucción creativa por el que algunas tecnologías caen en la obsolescencia y son sustituidas por nuevas tecnologías.

Esto provoca que en el corto plazo miles de empresas y millones de trabajadores pierdan sus empleos, generando un fuerte costo económico para las personas afectadas. Sin embargo, el efecto negativo de la destrucción creativa se ve compensado de más por la riqueza que genera una nueva ola de innovación.

La crisis del coronavirus no supondrá un cambio en la tendencia de crecimiento en el largo plazo que se dio durante los últimos dos siglos. Sostenida en la innovación, esta tendencia de crecimiento económico seguirá. Sin embargo, lo que todos los indicadores nos muestran es que debido a la crisis del coronavirus probablemente estamos ante el final del ciclo de crecimiento económico que se inició en la primera mitad de 2009 tras la crisis del 2007-2008.

Los mercados bursátiles son un claro indicador de la alternancia entre estos ciclos de expansión y recesión económica…

Si te fijás en el gráfico anterior, podés ver que en el ciclo alcista que se dio entre los años 2009 y 2020 el S&P 500 –el índice bursátil que aglutina a las 500 mayores empresas de la Bolsa de Nueva York– alcanzó una suba del 400,5 por ciento entre su máximo y su mínimo.

Históricamente, el S&P 500 se incrementó cada año un promedio del 11 por ciento. Cada año varias empresas entran y salen del índice. Aquellas más innovadoras y competitivas entran, y aquellas cuyos modelos de negocio se quedaron obsoletos salen.

Por eso, invertir en el índice es la mejor manera de estar diversificados y evitar que el proceso de destrucción creativa nos afecte negativamente como inversores.

Además, invertir en el S&P 500 es una de las inversiones más rentables en el largo plazo. Esto es algo conocido por prácticamente todos los inversores. Sin embargo, lo que puso muy nerviosa a la comunidad inversora fue el abrupto fin que tuvo este mercado alcista con la propagación del Covid-19 fuera de China por prácticamente todo el planeta.

Y es que la crisis actual supuso para los mercados la baja más veloz de la historia, con una caída del S&P 500 del 33% desde su máximo en apenas 22 ruedas.

Como podés ver en el siguiente gráfico en donde vemos cuánto tiempo tomó cada caída del 30% en el índice S&P 500 en los últimos cien años, nunca antes este índice cayó un 30% en tan poco tiempo…

La crisis actual por el coronavirus desató el mayor pánico bursátil que se haya evidenciado en décadas, con una caída fulminante de las bolsas como no se había visto antes.

Estos números seguro te preocupan, pero quiero insistir en mi mensaje de que esta vez no será diferente. La tendencia de largo plazo se terminará imponiendo en algún momento y a esta crisis le seguirá un mercado alcista, pero… ¿cuándo será eso?

Para responder a esa pregunta lo más adecuado es observar lo que sucedió históricamente con otras crisis económicas…

Si te fijás en la tabla que adjunto a continuación, la duración promedio de las crisis fue de 12 meses y este proceso de recuperación en promedio tomo 20 meses para darse.

Como vemos en el gráfico, hubo “bear markets”, como se llama a los mercados bajistas en Estados Unidos, que duraron 31 meses, pero otros que duraron 6 meses. El promedio nos dice que duran 12 meses.

Lo mismo con las recuperaciones. La crisis del 2008 requirió 49 meses de alzas en los mercados para volver a los precios pre crisis. Pero otras crisis solo tomaron 3 o 7 meses para recuperarse.

¿Qué pasará con esta crisis del Coronavirus que estamos viviendo hoy?

Como vimos, la caída fue la más rápida de la historia. Nunca antes el mercado había caído un 20% en tan poco tiempo. Mi impresión es que esto se debió a que el mundo está hiperconectado, como nunca antes. La velocidad a la que se mueven las personas, los bienes y la información es vertiginosa hoy. Por ello esta crisis se dio en forma tan abrupta y rápida.

Por ello, mi sensación es que esta crisis, en primer lugar, no durará más de los 12 meses promedio que duraron todas las crisis de la historia de los mercados norteamericanos. Es más, creo que este mercado bajista puede ser más corto que este promedio.

Y luego creo que la velocidad de la recuperación de esta crisis será proporcional a la velocidad de la caída. Mientras que el promedio muestra que cada crisis requiere 20 meses para recuperarse, mi sensación es que cuando la recuperación empiece, esta se va a dar en forma mucho más veloz que el promedio.

Imaginemos un escenario donde los principales gobiernos del mundo puedan contener la expansión del virus y por ejemplo, encontrar una vacuna o una solución médica al Coronavirus. Cuando eso ocurra, las cuarentenas globales serían cosa del pasado. Volvería la gente a los restaurantes, gradualmente a los hoteles y a los aviones, y cuando esto ocurra, podemos ver una fuerte recuperación económica, correspondido con una recuperación de los precios de las acciones en la bolsa.

Entiendo que es difícil ver esto hoy. Siempre que estamos en el medio de una crisis parece el fin del mundo. Y mucho más en tiempos de redes sociales e información al instante.

Y siempre aparecen analistas diciendo que “esta vez será diferente”. Paso cuando estalló la burbuja de las punto com a inicios del año 2000. Pasó con el atentado a las torres gemelas en 2001, y pasó con la crisis financiera de 2008.

Cuidado, no tengo dudas que esta crisis del Coronavirus cambiará costumbres y procedimientos. Recordemos que luego de los atentados a las torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, la experiencia de viajar cambió para siempre. Hoy nos tenemos que sacar los zapatos antes de su subir a un avión. Antes del atentado eso era impensado.

Cambios de ese tipo no dudo que se den. Pero mi punto es, que desde la perspectiva del crecimiento económico y de la dinámica de los mercados, no creo que esta vez sea diferente que otras crisis.

Aunque más intensa de las que vivimos en el pasado, la crisis actual podría ser una breve interrupción de la tendencia de crecimiento a largo plazo de la economía mundial y por lo tanto, una oportunidad de inversión.

Es imposible saber cuándo se llegará al mínimo en el mercado. Tratar de predecir eso no tiene sentido, es la receta perfecta para el fracaso.

Pero, si vamos construyendo un portafolio de acciones en forma gradual durante los próximos meses es muy probable que paguemos precios muy bajos. Y que estemos con un muy buen punto de entrada para cuando se de la recuperación.

Si compraste acciones antes de la crisis, no parece una buena idea vender ahora. Esperar a que llegue al recuperación, como siempre llegó en el pasado, parece una idea mejor.

Recordá, todo indica que esta vez no será diferente.

¿Cuál es la mejor inversión?

By 4padmin on marzo 1, 2019 in Invertir con Éxito

Cuando a Robert Allen -un prestigioso gurú sobre creación de riqueza con varios libros en la lista de más vendidos del New York Times– un amigo con plata en su cuenta de ahorro le preguntó si debería invertirla, este le contestó: “¿A cuántos millonarios conocés que hicieron su riqueza dejando su plata en una cuenta de ahorro?”.

Parece obvio que hay que buscar otras alternativas de inversión para maximizar la rentabilidad de nuestros ahorros, pero antes debemos preguntarnos sinceramente cuánto nivel de riesgo estamos dispuesto a tolerar.

Si su tolerancia al riesgo es baja y que no soporta perder plata, entonces la inversión que más le conviene es aquella en bonos soberanos de países con calificación triple A, como por ejemplo Estados Unidos, Alemania o Suiza.

Con este tipo de inversión uno prácticamente se asegura conservar su riqueza, aunque si nuestro objetivo es hacer crecer nuestro patrimonio debemos optar por opciones un poco más riesgosas.

En el siguiente escalón del riesgo se encuentran los bonos corporativos. Estos bonos pagan un mayor retorno que los bonos soberanos de países seguros, aunque esto no es gratuito.

Siempre debemos tener presente que cuanto mayor riesgo implique una inversión, debemos esperara una mayor rentabilidad. Por este motivo los bonos corporativos ofrecen una mayor rentabilidad: porque la probabilidad de que una empresa no pueda cumplir con sus obligaciones es mayor a que esto suceda con un país estable y sólido como los que tienen la calificación de triple A.

En el siguiente nivel de riesgo se encuentran las acciones, que como ya sabe tienen una elevada volatilidad.

Como decía el gran gurú de nuestro tiempo Warren Buffett, “si no puede soportar una pérdida del 50 por ciento, mejor no invierta en acciones”. El riesgo que conlleva invertir en acciones es elevado y no todos los inversores principiantes que se lanzan a invertir en la bolsa tienen esto en consideración.

Sin embargo, las recompensas son igualmente muy elevadas…

Si observa el gráfico anterior, puede ver cómo a muy largo plazo las acciones tienen un desempeño que ninguna otra inversión financiera puede igualar.

Y es que si en 1802 un antepasado nuestro hubiera invertido un dólar en cada una de las cinco alternativas de inversión financiera que contemplamos, los resultados hubieran sido muy dispares.

Mientras que el valor del dólar invertido ahora sería 20 veces menor en términos reales por la inflación, si este dólar se hubiera invertido en la Bolsa de Nueva York su valor actual sería de más de 700 mil dólares. Una diferencia abismal.

Muy por debajo se sitúan los bonos corporativos, la deuda pública y el oro con un valor de 1.632, 282 y 4,50 dólares respectivamente.

A la vista de estos datos podríamos afirmar que la mejor inversión son las acciones, pero… ¿qué ocurre con el Real Estate?

Acciones vs. Real Estate

La inversión en propiedades inmobiliarias o Real Estate es algo milenario y tan antiguo como la historia de la humanidad.

Algunas de las fortunas más grandes del mundo se han hecho con la inversión en activos inmobiliarios. El mismo Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, forjó su fortuna millonaria con la construcción en los cinco continentes de lujosos hoteles, casinos y edificios residenciales con su nombre.

¿Es el Real Estate más rentable que las acciones? Veamos…

Si tomamos datos del mercado del país del norte, aunque el Real Estate ha tenido un desempeño brillante multiplicando su valor por siete entre 1975 y 2015, las acciones siguen siendo la mejor inversión.

En apenas 40 años, entre 1975 y 2015, el S&P 500 multiplicó su valor por 25, gracias sobre todo a los dos grandes ciclos alcistas que vivió Wall Street entre 1980 y 2000, y desde 2009 hasta la actualidad.

Si su horizonte de inversión es el largo plazo y su tolerancia al riesgo es elevada, la inversión en acciones es la que mayor rentabilidad le va a proporcionar.

Pero antes le sugiero que sea sincero consigo mismo: si no puede soportar ver como sus ahorros pierden hasta la mitad de su valor sin entrar en pánico, entonces invierta en opciones más seguras. Su salud se lo agradecerá.

Hasta la próxima.

Saludos,

Federico Tessore
Director de Inversor Global

#FedeTessoShow # 30 – El dueño de la pelota de da consejos

By 4padmin on junio 7, 2017 in Podcasts

Ayer hablo el nuevo “dueño” del dinero en la Argentina. Y cuando el “dueño” habla, todos escuchan y toman nota.

Estoy hablando de Federico Sturzenegger, el presidente del Banco Central, que desde la asunción de Macri como presidente tiene un rol protagónico en el mundo del dinero local. El Banco Central que él dirige, toma decisiones autónomas que nos influyen en nuestro bolsillo directamente.

Y ayer Sturzenegger, quien participó del Congreso Anual del Instituto Argentino de Finanzas, dijo muchas cosas. Y una de las cosas que dijo estuvo dirigida a los inversores especialmente.

En la nueva edición de #FedeTessoShow te pongo al tanto de la situación, escuchalo aquí:

#FedeTessoShow # 28 – Los dos errores que destruyen tu patrimonio

By 4padmin on junio 5, 2017 in Podcasts

Es muy triste recibir un mensaje de una persona que me dice que perdió dinero invirtiendo. En realidad, lo triste no es perder dinero, porque todos y sin excepción, cuando invertimos, hacemos malas inversiones y perdemos dinero en forma circunstancial. Lo realmente triste es leer el mensaje de un inversor devastado y desmoralizado ante una pérdida.

De este tema te hablo en el nuevo podcast de #FedeTessoShow: