El mejor amigo del pequeño inversor

By 4padmin on junio 23, 2020 in Inversiones Financieras, Invertir con Éxito

En esta nota les quiero hablar de un visionario que hace casi 50 años cambió para siempre la forma de invertir en la bolsa.

Su nombre es John Bogle.

Quizás alguno de ustedes no le conozcan, pero Bogle fundó en 1975 una de las firmas de inversión más grandes del planeta: The Vanguard Group.

Vanguard tiene en la actualidad más de 17 mil empleados repartidos por oficinas en todo el mundo y la cantidad de activos que gestiona Vanguard asciende a 6,2 billones de dólares. Fijate que esto es equivalente a casi 12 veces el PBI de la Argentina…

Esta enorme cantidad de fondos gestionados por Vanguard convierte a esta firma en una de las más importantes del mundo.

El enorme éxito de Vanguard se debió a la apuesta de Bogle por la inversión pasiva.

Quizás escuchaste hablar de la inversión pasiva antes, pero no está de más recordar qué es exactamente…

A diferencia de la inversión activa que consiste en elegir acciones para batir el desempeño del mercado, la inversión pasiva aboga por igualar la rentabilidad del mercado de manera automática y a un bajo costo.

Bogle mostró un interés temprano por esta forma de invertir cuando en 1951, aun siendo un estudiante en la prestigiosa Universidad de Princeton, realizó un estudio en el que demostró que la mayoría de los fondos mutuos no consiguieron batir el desempeño del mercado en los años anteriores.

Bogle pensó que si los fondos mutuos no conseguían un desempeño superior al del promedio del mercado, entonces los fees que los administradores de los fondos cobran a los inversores provoca que estos inversores consigan una menor rentabilidad a la que conseguirían si simplemente se limitaran a replicar al mercado.

Es decir, de acuerdo a la tesis de Bogle, en vez de intentar batir al mercado comprando y vendiendo acciones activamente como hacen estos fondos mutuos, a los inversores les iría mucho mejor si se conformaran con replicar el desempeño del mercado optando por inversiones indexadas en las que no hubiera que pagar a un administrador, teniendo estas inversiones por tanto un costo inferior.

Un dos o tres por ciento que cobran los gestores de fondos puede no parecer mucho en principio. Pero la diferencia en la rentabilidad que esto provoca se amplifica en el largo plazo debido al interés compuesto y termina siendo determinante en las chances de un inversor de alcanzar la libertad financiera.

Te lo explico con un ejemplo.

Imaginá a dos inversores que invierten 10 mil dólares en la bolsa cada uno. El primer inversor replica el desempeño del mercado invirtiendo en un fondo indexado del S&P 500.

En el último siglo el S&P 500 obtuvo una rentabilidad promedio del 9,6 por ciento. Dado que el fondo indexado tiene un fee anual del 0,1 por ciento en nuestro ejemplo, la rentabilidad neta promedio fue del 9,5 por ciento anual.

El segundo inversor, en cambio, decidió invertir en un fondo de inversión gestionado activamente por un administrador de portafolios. En nuestro ejemplo, imaginemos que este administrador algunos años logró batir al mercado y otros años quedó por debajo. En promedio, supongamos este inversor consiguió una rentabilidad del 9,6 por ciento, igual que la del mercado.

Sin embargo, por los costos de transacción y fees que cobra el administrador por su trabajo, las comisiones totales del fondo son de 2 por ciento. Así, el segundo inversor se tuvo que conformar con una rentabilidad promedio del 7,6 por ciento.

La diferencia entre conseguir una rentabilidad neta del 9,5 o del 7,6 por ciento anual puede parecer poca en el corto plazo, pero en el largo plazo esta diferencia se amplifica a cada año que pasa.

A los 10 años el inversor que apostó por un fondo mutuo tiene consiguió duplicar su inversión, con un valor de 20.800 dólares. ¡No está nada mal! Pero fíjate que el inversor que apostó por el fondo indexado consiguió acumular una inversión de 24.780 dólares en el mismo tiempo.

Sin embargo lo más interesante es que conforme pasa el tiempo la diferencia en la rentabilidad aumenta exponencialmente…

Y es que mientras que a los 30 años el inversor que apostó por un fondo mutuo tiene una inversión de 90 mil dólares, el inversor que apostó por el fondo indexado consiguió acumular 152.200 dólares.

Fijate la enorme diferencia que supuso en el largo plazo los fees que el inversor del fondo mutuo tuvo que pagar. Y eso que asumimos que el fondo mutuo consiguió una rentabilidad similar a la del mercado.

La realidad es aún peor ya que menos del uno por ciento de los fondos mutuos consiguen batir al mercado de forma consistente en el largo plazo. El 99 por ciento restante obtiene una rentabilidad inferior a la del mercado en el largo plazo.

El propio Bogle estudió durante más de tres décadas el desempeño de los 355 fondos de inversión en la bolsa estadounidense que existían en 1970, en la época en la que fundó Vanguard.

De esos 355 fondos, en el año 2005 223 no existían ya que fueron cerrados, prácticamente todos ellos por tener un desempeño decepcionante.

De los 132 fondos restantes, tan solo dos fondos tuvieron un desempeño superior al del mercado de manera consistente: el fondo Magellan gestionado por el legendario inversor Peter Lynch y el Fidelity Contrafund.

Los 353 fondos restantes tuvieron un desempeño inferior al que hubiera tenido una inversión en un fondo indexado del S&P 500. Fijate que como te decía antes menos de un uno por ciento de los fondos de inversión baten al mercado en el largo plazo, por lo que las posibilidades de que vos o cualquier otra inversor acierte e invierta en uno de estos fondos son reducidas.

Otra ventaja presentan los fondos indexados respecto a la inversión activa es la mayor diversificación que presentan estos instrumentos financieros.

Pensá que si inviertes en un fondo indexado del S&P 500 estas invirtiendo, por un costo anual que a veces ni siquiera alcanza el 0,1 por ciento anual, en las 500 mayores empresas de la bolsa estadounidense.

Sí, es cierto que en los últimos años la diversificación del S&P 500 y de otros índices de Wall Street fue menor ya que las grandes empresas tecnológicas como Microsoft, Apple, Amazon, Google o Facebook incrementaron su peso en el índice hasta el 21 por ciento del índice, respecto al 11 por ciento que representaban en el año 2013.

Pero un fondo indexado del S&P 500 sigue presentando mayor diversificación que cualquier otro instrumento financiero y a un costo extremadamente bajo.

¿Y por qué es tan importante la diversificación? Porque a mayor diversificación, menor riesgo.

Verás, cuando invertís en una acción el riesgo que asumís tiene dos componentes: el riesgo sistemático del mercado (esto es que se produzca un evento que produzca una baja en todo el mercado como sucedió con el coronavirus por ejemplo) y el riesgo no sistemático individual de la acción, que afecta a aspectos particulares de la empresa en la que invertiste como un profit warning, una huelga de sus trabajadores, una caída en las ventas, insolvencia, etc.

Al invertir en un fondo indexado que replica todo el mercado, eliminás el riesgo individual de la acción. Por tanto, a mayor número de tenencias en tu portafolio, menor riesgo.

Los instrumentos financieros que nos permiten optar por esta forma de inversión de forma sencilla y con un costo bajo son los ETFs.

Los ETFs son fondos cotizados, cuyas participaciones se compran y se venden como si fueran las acciones de una empresa cotizada.

Hay ETFs que replican el precio de commodities como por ejemplo el oro como te expliqué en mi video anterior.

Sin embargo, la mayoría de los ETFs replican el desempeño de los índices bursátiles.

Hay ETFs para prácticamente todos los índices de las bolsas mundiales, sin embargo el ETF más transado y popular del mundo es el SPDR S&P 500, que cotiza en la Bolsa de Nueva York con el ticker SPY.

Este ETF replica el desempeño del índice Standard & Poor’s 500 con unas comisiones anuales de apenas el 0,04 por ciento.

Estas bajas comisiones no son la excepción, sino la norma en el caso de los fondos indexados.

Pero, ¿cómo es posible que las comisiones de estos fondos sean tan bajas?

Verás, esto es así por dos razones.

En primer lugar porque este fondo tiene una rotación de sus activos muy baja. Es decir, no compra y vende grandes volúmenes de acciones con el objetivo de batir al mercado, sino que su portafolio está distribuido igual que el S&P 500 y apenas hace cambios significativos en su composición.

Esta baja rotación hace que este fondo no incurra en los costos de transacción que sí tienen los fondos de gestión activa, de ahí sus bajas comisiones.

La segunda razón por la que los fondos indexados tienen unos fees ultrabajos es porque no tienen un gestor al que hay que pagarle un sueldo muy alto como sucede con los fondos de gestión activa.

Los fondos indexados están gestionados de manera automatizada, con el único objetivo de mantener la misma distribución del índice que quieren replicar.

Al eliminar el componente humano, los costos que tienen estos fondos son más bajos.

Por último, como estrategia de inversión en el largo plazo John Bogle siempre defendió la estrategia de comprar y mantener.

Aunque a la mayoría de los inversores les gusta pensar que son capaces de calcular el timing del mercado y de aprovechar esto para comprar barato y vender caro, la evidencia empírica demuestra que en realidad sucede todo lo contrario…

La mayoría de los inversores suele comprar caro y vender barato. Por eso, Bogle defendió que la mejor estrategia en el largo plazo es estar siempre invertido y olvidarse.

Si te fijás en este gráfico podés ver como entre 1990 y 2005 los años en los que más dinero entró en los fondos que invertían agresivamente en acciones tecnológicas altamente especulativas fue precisamente en el pico de la burbuja punto com, durante los años 1999 y 2000.

Paradójicamente, en los años que más dinero salió de estos fondos fue precisamente cuando el Nasdaq tocó fondo en los años 2001 y sobre todo 2002.

Lo que este ejemplo nos demuestra es que Bogle tiene razón: los inversores obtienen muy malos resultados intentando hacer timing con el mercado.

Por estas razones, para Bogle la estrategia ganadora en la bolsa en el largo plazo es sencilla: comprar un fondo indexado con bajas comisiones y mantenerlo invariablemente en el largo plazo.

El éxito de la filosofía de inversión de John Bogle queda evidenciado por el enorme éxito que tuvo su firma de inversión, The Vanguard Group, al posicionarse como uno de los mayores jugadores de Wall Street gracias a la creación de fondos indexados con bajos costos y accesibles para el gran público.

De hecho, muchas otras firmas de inversión siguieron los pasos de Vanguard y lanzaron ETFs al mercado con gran éxito, y es que la inversión pasiva pasó de ser una forma de inversión residual a principios de los 90 a acaparar casi 10 billones de dólares bajo gestión en 2018.

En definitiva, la gran contribución John Bogle al mundo de las finanzas fue ser el pionero de la inversión pasiva hace 50 años, poniendo este tipo de inversión al alcance de los pequeños inversores y cambiando para siempre el mundo de las finanzas.

Si querés ampliar tus conocimientos sobre esta forma de inversión, te recomiendo este libro que escribió Bogle en el que explica su filosofía de inversión.

Se llama “El Pequeño Libro para Invertir con Sentido Común”.

En este libro Bogle demuestra con datos reales cómo la inversión pasiva obtuvo mejores resultados en las últimas décadas que la inversión tradicional activa de comprar y vender acciones.

Además, ofrece consejos de inversión muy valiosos fruto de su extensa trayectoria en el mundo de los mercados financieros.

John Bogle reflejó toda su sabiduría en este libro, pero tristemente ya no está para seguir compartiéndola ya que él falleció el año pasado a los 89 años.

Sin embargo, su legado y obra que cambió a la industria de las finanzas y benefició a millones de inversores en todo el planeta permanecerá por muchos años.

Las 6 señales que debemos mirar para saber si se viene la hiperinflación

By 4padmin on mayo 20, 2020 in Inversiones Financieras

Estas semanas han sido muy duras para todos. Súbitamente, nuestro estilo de vida cambió y todos nos refugiamos en nuestros hogares con la esperanza de esquivar al peligroso coronavirus.

Aunque la pandemia del COVID-19 es una catástrofe absoluta, también supone una oportunidad; una oportunidad para pasar más tiempo con nuestras familias en casa y una oportunidad para ampliar nuestros conocimientos gracias a toda la información a la que tenemos acceso con las nuevas tecnologías.

Así, estos días de confinamiento aproveché para leer más que lo habitual. Al elegir qué leer, tenemos que ser muy selectivos porque la cantidad de material disponible es casi ilimitada y nuestro tiempo un recurso muy limitado. Por eso siempre intento leer a los mejores, y no hay mejor inversor que Ray Dalio.

Ray Dalio no necesita presentación, pero te diré que a partir de la nada consiguió fundar el mayor hedge fund del mundo: Bridgewater Associates. Gracias a su excelente comprensión de la economía, que aplicó a sus inversiones, Dalio batió al mercado de manera sistemática desde que fundó su fondo en 1975. Esto le permitió convertirse en uno de los mayores millonarios del planeta, con una fortuna de más de 18 mil millones de dólares.

Aproveché estas semanas en casa para retomar las lecturas que tenía pendientes de Ray Dalio, principalmente su libro “Navegando las grandes crisis de deuda” (creo que no existe una traducción al español de este libro, pero podés descargarlo gratis en inglés en el sitio web de Ray Dalio www.principles.com con el título original “Navegating Big Debt Crises”).

Existen muchísimas lecciones que podemos aprender de este libro y adentrarme en cada una de ellas supondría demasiada extensión para este artículo, pero me gustaría explicarte que para Dalio existen dos tipos de crisis de deudas: las hiperinflacionarias y las deflacionarias.

Mientras que Estados Unidos, Japón y la Unión Europea están a las puertas de una crisis de deuda deflacionaria de acuerdo a la definición que establece Dalio, la Argentina está al borde de una crisis de deuda hiperinflacionaria.

Dalio establece seis señales que nos permiten predecir cuándo se va a producir una crisis de deuda hiperinflacionaria. A continuación quiero mostrarte cada una de las seis señales y cómo se corresponden a la realidad actual de la Argentina.

Alto déficit fiscal

En mi nota del pasado 15 de abril (podés leerla haciendo clic acá) advertí que de acuerdo a las estimaciones de economistas independientes, los ingresos fiscales caerán cerca de un 10 por ciento y el gasto del Estado registrará una suba del 13,5 por ciento debido al impacto del confinamiento en la actividad económica.

Esta combinación de menores ingresos y mayores gastos debidos en parte a la crisis causada por el coronavirus provocará que el déficit fiscal real para este año sea de 1,5 billones de pesos, y no 200 mil millones como se estimó inicialmente.

Solo existen dos maneras de financiar el déficit fiscal: emitir deuda o emitir moneda. No existe una tercera opción…

Ante la incapacidad de nuestro país para financiarse en los mercados de deuda internacionales, este incremento del déficit fiscal tendrá que financiarse con la emisión masiva de pesos, lo que añadirá una fuerte presión al alza a la inflación actual, que además ya viene siendo una de las más altas del planeta.

 

Antecedentes de alta inflación y devaluaciones

Durante los últimos 70 años la larga historia de devaluaciones, hiperinflaciones y defaults golpeó a la confianza en nuestra economía y en nuestra moneda, tanto dentro como fuera de nuestro país.

Sí, en la primera mitad del siglo pasado la economía argentina era una de las economías más dinámicas del planeta y el peso era una moneda sólida que los inversores internacionales estaban interesados en adquirir. Sin embargo, nuestra historia reciente está repleta de devaluaciones y episodios de alta inflación que fulminaron esa confianza.

Desde 1947 se produjeron las siguientes devaluaciones en nuestro país:

El resultado de estas devaluaciones (con sus consiguientes episodios de alta inflación) fue que el valor del peso fue totalmente destruido en el largo plazo.

Estos antecedentes provocaron que en la actualidad ni siquiera los inversores argentinos queremos tener nuestro patrimonio en pesos y corremos a refugiarnos a otros activos como el dólar o el oro. Por esta razón, si nuestro gobierno se ve obligado a realizar una fuerte emisión monetaria a consecuencia del elevado déficit fiscal que acumula, esta oferta no va a ser absorbida por la demanda como sucede con el dólar o el euro, porque la demanda de pesos a nivel internacional es prácticamente inexistente.

En realidad esta oferta monetaria solo contribuirá a devaluar aún más el valor del peso, lo que se traducirá en un fuerte incremento de la inflación.

 

Ausencia de una moneda de reserva

Una moneda de reserva es aquella comúnmente aceptada por la mayoría de agentes económicos para realizar transacciones internacionales y almacenar riqueza. Históricamente siempre han existido una o varias monedas de reserva a nivel global como el dólar actualmente (el 70 por ciento de las transacciones internacionales se realizan en dólares) o la libra esterlina antes de la Primera Guerra Mundial.

Poseer una moneda de reserva le otorga a un país determinado una enorme ventaja económica, ya que siempre existirá una demanda a nivel global por poseer su moneda. Esto le permite al país en cuestión emitir grandes cantidades de su moneda para reactivar a su economía sin miedo a sufrir una hiperinflación, ya que la emisión de esta moneda será absorbida por la demanda mundial.

Esto es lo que hizo la Reserva Federal (y en menor medida el Banco Central Europeo y el Banco de Japón) para salir de la crisis de 2008 y lo que está haciendo actualmente con la crisis del coronavirus.

En la Argentina no tenemos esta ventaja, más bien todo lo contrario, como vimos en la señal anterior. Por tanto, queda claro que en la Argentina no disponemos de una moneda de reserva y por tanto tenemos que prender la tercera lucecita roja en nuestro medidor de riesgo de hiperinflación.

 

Bajas reservas en el Banco Central

En la actualidad las reservas internacionales brutas del BCRA suman 43 mil millones de dólares. En un principio podría parecer una cantidad aceptable, pero en realidad la cantidad disponible para soportar el peso de la deuda es mucho menor.

Según reportó Infobae en su nota del día 8 de mayo, de estos 43 mil millones tan solo 2.532 millones son reservas de uso inmediato para el sostenimiento del Estado y la intervención en los mercados cambiarios para sostener al peso.

Esto se debe a que contablemente las reservas brutas se inflaron con diversos conceptos como los swaps de divisas con otros países y con organismos internacionales como el Banco de Pagos Internacionales.

[Un swap es un instrumento financiero por el que dos partes acuerdan intercambiar durante un periodo de tiempo establecido flujos financieros en una o en distintas divisas a un precio determinado]

El más importante de estos conceptos adicionales consiste en unos 20 mil millones de dólares (casi la mitad de las reservas totales del banco central) que corresponden a un swap que formalizamos con China que solo es utilizable para el pago de importaciones procedentes del gigante asiático.

Por tanto, si se produjera un incremento dramático del déficit público el BCRA no tendría las herramientas necesarias para financiar la deuda y sostener al peso, lo que incrementa el riesgo de hiperinflación.

 

Alta deuda externa

En las épocas de bonanza tantos los gobiernos como los consumidores y empresas en los países emergentes recurren a las emisiones de deuda para financiar sus planes de expansión. Para poder atraer a los grandes capitales internacionales, los agentes económicos en los países emergentes recurren a la emisión de deuda en moneda de reserva extranjera (principalmente en dólares), lo que elimina el riesgo cambiario para el tenedor de la deuda y por tanto incrementa el atractivo de estos títulos de deuda.

La Argentina no fue una excepción…

Como podés ver en el siguiente gráfico, entre 2010 y 2020 la deuda externa argentina pasó de 141 mil millones de dólares a 277 mil millones, un incremento de casi el doble.

El incremento de la deuda externa fue especialmente notable a partir de 2016, cuando el Gobierno de Mauricio Macri favoreció el financiamiento a través de deuda y no de emisión monetaria para intentar equilibrar la maltrecha situación macroeconómica de la Argentina.

Aunque la emisión de deuda en una moneda de reserva consigue financiamiento a un costo más bajo que emitiendo esta misma deuda en moneda local ya que resulta más atractiva para los inversores extranjeros, cuando se producen devaluaciones de la moneda local esta deuda fijada en moneda extranjera estrangula a los agentes económicos locales.

Esto sucede porque mientras que los ingresos de los agentes económicos se producen en moneda local, los costos correspondientes al pago de la deuda se producen en moneda extranjera, por lo que se produce un desajuste entre unos ingresos decrecientes y unos gastos crecientes por los movimientos en las tasas de cambio.

Mientras que las empresas y los consumidores se pueden declarar insolventes con relativa facilidad cuando el peso de la deuda externa resulta excesivo para su capacidad de pago, entrar en default es más delicado para los Estados.

Antes de recurrir a declarar un default, los Estados recurren incrementar la impresión de moneda local y a vender sus reservas de divisas extranjeras para poder pagar la deuda externa que contrajeron como vimos en la señal anterior.

Sin embargo, la Argentina ya está camino del default… Mirá esta noticia que publicó el Financial Times el pasado 20 de diciembre en su edición internacional.

“Argentina retrasa los pagos de 9 mil millones de deuda denominada en dólares | El nuevo gobierno le pide a los tenedores de bonos que muestren buena fe y accedan a las negociaciones para reestructurar la deuda” – Financial Times

Poco a poco el tiempo se agota para que la Argentina pueda alcanzar un acuerdo con sus acreedores extranjeros. Si este acuerdo para reestructurar la deuda no se produce, la Argentina estará condenada a financiar todo el déficit fiscal con impresión monetaria, lo que iniciará el círculo megadestructivo de la hiperinflación:

Como podés ver en la ilustración anterior, este ciclo se inicia con una menor actividad económica como la producida actualmente con la crisis del coronavirus. La menor actividad repercute en unos menores ingresos fiscales, lo que a su vez repercute en un mayor déficit fiscal a menos que se produzca un fuerte ajuste a la baja en el gasto público, algo que sabemos no va a ocurrir en la Argentina a corto o mediano plazo.

El resultado de este mayor déficit fiscal en una situación de imposibilidad de emitir deuda es un fuerte incremento de la emisión monetaria, lo que a su vez dispara la inflación. En entornos de alta inflación la actividad económica en términos reales cae, alimentando así el ciclo destructivo de la hiperinflación.

 

Tasas de interés reales negativas

La tasa de interés real se calcula tomando la tasa de interés nominal fijada por el banco central y restando la inflación registrada durante el periodo correspondiente.

Haciendo uso de la política monetaria, los bancos centrales intentan equilibrar la tasa de interés real para que sea positiva, de manera que los ahorradores no pierdan poder adquisitivo al invertir su dinero y por tanto se fomente la inversión y la actividad económica.

Sin embargo, aunque el BCRA subió de manera sostenida la tasa de interés durante los últimos años para contrarrestar el efecto de la inflación en el poder adquisitivo de los ahorradores, estos incrementos no fueron suficientes y desde 2004 la tasa de interés real fue de manera recurrente negativa en la Argentina.

La existencia de una tasa de interés real negativa incrementa el riesgo de una hiperinflación, ya que los ahorradores evitarán utilizar los plazos fijos en moneda local como mecanismo para preservar su riqueza.

La huida a activos exteriores provoca una reducción de la demanda de la moneda local, lo que disminuye su valor y por tanto esto repercute en una mayor inflación, dando lugar a un ciclo retroalimentario similar al que vimos en la señal anterior.

 

Seis luces rojas

Recapitulemos y veamos las seis señales hiperinflacionarias que establece Ray Dalio en su libro “Navegando las grandes crisis de deuda”:

  • Alto déficit fiscal
  • Antecedentes de alta inflación y devaluaciones
  • Ausencia de una moneda de reserva
  • Bajas reservas en el Banco Central
  • Alta deuda externa
  • Tasas de interés reales negativas

Como pudiste ver anteriormente, en la actualidad la Argentina cumple todas y cada una de las seis señales que marcan el riesgo de que suceda una hiperinflación.

Quizás Ray Dalio y otros economistas se equivoquen y al final, de manera milagrosa, la Argentina evite caer en la espiral destructiva de la hiperinflación. Nadie puede tener una certeza absoluta de qué sucederá, pero resulta empíricamente innegable que el riesgo de que esto suceda es hoy mucho mayor de lo que era hace un año.

Por este motivo,  planificar un plan de protección de tu patrimonio por si finalmente se produce una hiperinflación en la Argentina parece ser una muy buena idea. Y aún estamos a tiempo.

Espero que este artículo te haya resultado interesante. Por favor no dudes en compartirme tu opinión en la sección de comentarios.

 

Un fuerte abrazo,

Federico

Dos ideas que te harán perder plata invirtiendo

By Federico Tessore on abril 29, 2019 in Inversiones Financieras, Invertir con Éxito

Invertir no es un asunto sencillo. Afortunadamente cada vez más los inversores tenemos acceso a información para decidir en qué activos queremos invertir nuestro dinero, pero esto no aumenta nuestras probabilidades de éxito significativamente.

A la hora de la verdad, cuando llega el momento de decidir dónde invertir es el juicio de cada inversor lo que decide hacia dónde se decanta la balanza. Sin embargo, es precisamente en este instante cuando nuestros prejuicios e ideas preconcebidas impiden que tomemos la decisión más acertada.

Hoy te quiero hablar de dos de estas ideas, o sesgos cognitivos como dirían los especialistas en psicología inversora, un campo de investigación que ha emergido con fuerza en el mundo de las finanzas y que está atrayendo la atención de miles de especialistas y académicos de todo el mundo.

Seguro estás acostumbrado a leer en los principales medios de comunicación económicos sobre aspectos más estrictamente financieros, pero te aseguro que los asuntos relacionados con la psicología de los inversores están plenamente contrastados tanto por el mundo de los profesionales de las finanzas como por los investigadores de las universidades más prestigiosas del planeta.

Además, conocer estos sesgos antes de tomar tus decisiones de inversión te darán las claves para ganar plata invirtiendo o, al menos, para no perderla en el intento.

 

Lo que conoces no siempre es la mejor opción

A todos los inversores nos ocurre que cuando pensamos en comprar acciones, instintivamente buscamos en primer lugar en la bolsa local empresas que nos resulten familiares. Si estamos satisfechos con nuestro banco por ejemplo, probablemente consideraremos comprar acciones del banco. O si estamos contentos con nuestro operador de telefonía celular, pensaremos que comprar acciones de él será una buena idea de inversión.

Esto se traduce en una tendencia natural que tenemos los inversores por invertir en activos financieros de nuestro propio país, que nos resultarán más familiares que los activos extranjeros.

El motivo es que al tener un contacto y un conocimiento mayor sobre estos activos, nuestra percepción del riesgo es menor. Esta percepción errónea del riesgo está estudiada en el mundo de las finanzas, y de hecho tiene un nombre en la jerga financiera: “sesgo local”.

El problema del sesgo local consiste en que, aunque creemos que estamos asumiendo un riesgo menor, cuando compramos acciones locales lo cierto es que estamos asumiendo un riesgo mucho mayor.

Esto no sucede solo en la Argentina; en realidad sucede en cualquier parte del mundo ya que si la economía de nuestro país se fuera a pique, no solo lo sufriríamos en nuestras inversiones sino también en nuestro trabajo y en nuestro ingreso habitual.

Invertir en mercados internacionales, como por ejemplo en Wall Street, nos permite reducir este riesgo ya que si por ejemplo la Argentina sufriera una nueva crisis cambiaria o un nuevo corralito, nuestros ahorros estarían a salvo invertidos en los mercados de capitales internacionales.

Por este motivo, no deje que su percepción le engañe. Aunque su conocimiento sobre las empresas del Merval sea superior a las de la Bolsa de Nueva York, para minimizar su exposición al riesgo lo que más le conviene es invertir fuera de la Argentina.

 

Confiar en la rentabilidad pasada es un error

El segundo error que comenten la mayoría de los inversores es juzgar la conveniencia de una inversión según la rentabilidad que tuvo en los años anteriores.

Cuando uno no es un experto en finanzas, cuesta esfuerzo discernir qué inversiones nos resultan convenientes o no entre tantas cifras y datos. Un atajo que la mayoría de los inversores utiliza para elegir dónde invertir es apostar por aquellas inversiones que más éxito tuvieron en el pasado.

Aunque el haber tenido éxito en el pasado no es garantía de éxito en el futuro…

Y es que según un estudio del desempeño de 1.454 fondos durante 10 años elaborado por Morningstar, la firma líder mundial en análisis de fondos de inversión, aquellos fondos que lo hicieron muy bien en el pasado se suelen tener un desempeño mediocre, y los que tuvieron un resultado nefasto suelen recuperarse pasado el tiempo.

Esto es así por el principio de reversión a la media, que consiste en que las rentabilidades extremas en el corto plazo tienen tendencia a moderarse hasta converger en la media.

Lo mismo sucede con las acciones: aquellas acciones que subieron mucho tienen menores probabilidades de seguir subiendo que las que tuvieron un mal desempeño.

Fijate en el siguiente gráfico del Standard & Poor’s 500 por ejemplo…

Como podés ver, el índice estadounidense tiene una tendencia al alza definida por la línea de puntos roja. A lo largo de su historia, cuando el S&P 500 se ha separado mucho de la línea de tendencia, generalmente ha corregido su desviación, ya sea a la baja (como en el 2000 o en el 2008) o al alza (como en 1993, 2003 o 2009) hasta volver a su línea tendencial de largo plazo.

Si nos fiásemos de la regresión a la media, lo predecible sería que el índice corregirá desde los máximos actuales hasta la tendencia de largo plazo. Pero ojo, porque esta regla no es infalible. Hay acciones que durante años no dejaron de subir hasta terminar por las nubes como por ejemplo Amazon, y acciones que durante años no dejaron de bajar hasta terminar en cero, como por ejemplo Kodak.

Sin embargo, en promedio la reversión a la media sí funciona en el mundo de las inversiones y es algo que debés tener en cuenta para invertir. Por tanto, no cometas el error de pensar que solo porque una inversión funcionó bien en el pasado, vaya a seguir funcionando bien en el futuro.